Objetivo: el pasado
October 9th, 2007¿En qué se parecen entre sí los fundamentalismos? En que se fijan como objetivo reconstruir formas de vida e instituciones del pasado y argumentan que el único futuro auténtico es aquel que le hace a uno continuador, no de las ideas del pasado, sino de las formas de llevarlas a cabo que tuvieron nuestros antepasados.
El nacimiento de una nueva idea produce en sus creadores y seguidores un sentimiento de euforia intelectual semejante al producido por la aparición de un nuevo amor. Durante el periodo de euforia se vive dicha idea con un sentimiento de autenticidad que nunca será superado, producido en parte por la presencia física de los fundadores.
Los primeros herederos intelectuales de los fundadores tratan, especialmente a la muerte de estos, de recopilar el conjunto de ideas enseñado por los fundadores con el objetivo de que nada se pierda. Esta etapa también suele caracterizarse por la emoción hacia las ideas originales que los herederos coleccionan, categorizan y atesoran. Esta “vuelta a los fundamentos” tiene como objetivo legar a la posteridad en forma ordenada los fundamentos de la doctrina.
El tiempo pasa y los herederos de los herederos consiguen extender la influencia de su idea de forma que muchas personas la aceptan. Extender una idea tiene como efecto secundario que se pueden crear interpretaciones locales de las ideas recibidas, y esta situación no suele gustar a los herederos de los herederos, que suelen entonces decidir cerrar el catálogo de ideas recibidas e imponer dicho catálogo terminado como única ortodoxia posible, y es en este punto donde la organización (sea política o religiosa) se comienza a radicalizar y pasan de ser amantes de los fundamentos a ser fundamentalistas. Las personas encargadas de administrar estas ideas ya no hace falta que sean sabias. En este punto de la historia de las organizaciones no se necesitan pensadores sino policías. La misión vital de los herederos de los herederos no es la difusión de ideas sino la defensa de la ortodoxia, y para dicho fin crean instituciones cuyo fin sea velar por que las ideas que defienden se mantengan sin contaminación de las ideas del presente, que sistemáticamente se consideran perjudiciales y contaminantes.
Por último, cuando la extensión de la idea es máximo y se acapara poder, se hace más necesaria la defensa de la ortodoxia del pasado por lo que el fin comienza a justificar los medios y asistimos al uso de la violencia en sus distintas versiones. Antiguamente se usó violencia física, pero dado que en algunas sociedades hoy ha violencia física no es aceptada, se usa violencia sicológica para evitar disidencias. Se anatematiza el modo de pensar de todo el que no piense como es aceptado. El lenguaje se radicaliza para describir en términos peyorativos a los que piensan distinto, y para alabar a aquellos que comulgan con las ideas aceptadas. El mundo queda dividido en la mente de los seguidores entre “nosotros” y “los demás”.
Llegado este punto de represión del pensamiento sucede una escisión dentro de las filas de dicha organización y esa pequeña banda de disidentes, emocionados por haber descubierto la verdad en medio de la decadencia, tratará de organizarse y extenderse. Si tienen suerte lograrán convertirse en algo que interese a mucha gente y repetirán el ciclo de proyectarse hacia el futuro imponiendo el pasado.